Mostrando entradas con la etiqueta Páginas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Páginas. Mostrar todas las entradas

29 de enero de 2009

Canción otoñal


¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

12 de enero de 2009

Viajes

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.

Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

3 de diciembre de 2008

La tristeza del cronopio





A la salida del Luna Park un cronopio advierte que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.

Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas que remonta Corrientes a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto.

Meditación del cronopio: "Es tarde, pero menos tarde para mi que para los famas, para los famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde.

Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo".

Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales.

30 de noviembre de 2008

En el campo de Bosworth

"Tu mujer, esa desdichada Ana, tu mujer, Ricardo,
que nunca durmió una hora tranquila contigo,
llena ahora tu sueño de perturbaciones.
Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo: desespera y muere."

29 de octubre de 2008

Sexto Planeta




-¿Qué es este grueso libro? -preguntó el principito-. ¿Qué haces aquí?
-Soy geógrafo -dijo el Anciano.
-¿Qué es un geógrafo?
-Es un sabio que conoce dónde se encuentran los mares, los ríos, las ciudades, las montañas y los desiertos.
-Es bien interesante -dijo el principito-. ¡Por fin un verdadero oficio! -Y echó una mirada a su alrededor, sobre el planeta del geógrafo. Todavía no había visto un planeta tan majestuoso.
-Es muy bello vuestro planeta. ¿Tiene océanos?
-No puedo saberlo -dijo el geógrafo.
-¡Ah! -el principito estaba decepcionado-. ¿Y montañas?
-No puedo saberlo -dijo el geógrafo.
-¡Pero eres geógrafo!
-Es cierto -dijo el geógrafo-, pero no soy explorador. [...]

27 de octubre de 2008

Quinto planeta

-Buenos días. ¿Por qué acabas de apagar el farol?
-Es la consigna -respondió el farolero-. Buenos días.
-¿Qué es la consigna?
-Apagar el farol. Buenas noches.
Y volvió a encenderlo




-Pero, ¿por qué acabas de encenderlo?
-Es la consigna -respondió el farolero.
-No comprendo -dijo el principito.
-No hay nada que comprender -dijo el farolero-. La consigna es la consigna. Buenos días.
Y apagó el farol.

25 de octubre de 2008

Cuarto planeta

-Yo, si poseo un pañuelo, puedo ponerlo alrededor de mi cuello y llevármelo. Yo, si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. ¡Pero tú no puedes cortar las estrellas!
-No, pero puedo depositarlas en el banco.




-¿Qué quiere decir eso?
-Quiere decir que escribo en un papelito la cantidad de mis estrellas. Y después cierro el papelito, bajo llave, en un cajón.
-¿Es todo?
-Es suficiente.

Es divertido, pensó el principito. Es bastante poético. Pero no es muy serio.
El principito tenía sobre las cosas serias ideas muy diferentes de las ideas de las personas mayores.
-Yo -dijo aún- poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todas las semanas. Pues deshollino también el que está extinguido. No se sabe nunca. Es útil para mis volcanes y es útil para mi flor que yo los posea. Pero tú no eres útil a las estrellas...

21 de octubre de 2008

Tercer planeta

-¿Qué haces ahí? -preguntó al bebedor, a quien encontró instalado en silencio, ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas.




-Bebo -respondió el bebedor, con aire lúgubre.
-¿Por qué bebes? -volvió a preguntar el principito.
-Para olvidar -respondió el bebedor.
-¿Para olvidar qué? -inquirió el principito, que ya le compadecía.
-Para olvidar que tengo vergüenza -confesó el bebedor bajando la cabeza.
-¿Vergüenza de qué? -indagó el principito, que deseaba socorrerle.
-¡Vergüenza de beber! -terminó el bebedor, que se encerró definitivamente en el silencio.

19 de octubre de 2008

Segundo planeta

-¿Me admiras mucho verdaderamente? -preguntó al principito.
-¿Qué significa admirar?
-Admirar significa reconocer que soy el hombre más hermoso, mejor vestido, más rico y más inteligente del planeta.



-¡Pero si eres la única persona en el planeta!
-¡Hazme el placer! ¡Admírame lo mismo!
-Te admiro -dijo el principito, encogiéndose de hombros -. Pero, ¿por qué puede interesarte que te admire?
Y el principito se fue.

16 de octubre de 2008

Primer Planeta

-Sire..., ¿sobre qué reináis?
-Sobre todo -respondió el rey, con gran simplicidad.




-¿Sobre todo?
El Rey con un gesto discreto señaló su planeta, los otros planetas y las estrellas.
-¿Sobre todo eso? -dijo el principito.
-Sobre todo eso... -respondió el rey.
Pues no solamente era un monarca absoluto, sino un monarca universal.
-¿Y las estrellas os obedecen?
-Seguramente -le dijo el rey-. Obedecen al instante. No tolero la indisciplina.

25 de septiembre de 2008

Entretanto...

"(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría, y
se bebió la última taza.)

Sí;
definitivamente el día se ha ido."

11 de septiembre de 2008

A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.



Jorge Luis Borges



11 de agosto de 2008

León y cronopio



Un cronopio que anda por el desierto se encuentra con un león, y tiene lugar el diálogo siguiente:

León.-Te como.

Cronopio (afligidísimo pero con dignidad).-Y bueno.

León.-Ah, eso no. Nada de mártires conmigo. Échate a llorar, o lucha, una de dos. Así no te puedo comer. Vamos, estoy esperando. ¿No dices nada?

El cronopio no dice nada, y el león está perplejo, hasta que le viene una idea.

León.-Menos mal que tengo una espina en la mano izquierda que me fastidia mucho. Sácamela y te perdonaré.

El cronopio le saca la espina y el león se va, gruñendo de mala gana:

-Gracias, Androcles.

12 de junio de 2008

Los ojos tapados...

...pero en aquel mismo instante pensó que se había vuelto loca, o que, desaparecido el vértigo, sufría ahora alucionaciones, no podía ser verdad aquello que los ojos le mostraban, aquel hombre clavado en la cruz con una venda blanca cubriéndole los ojos, y, al lado una mujer con el corazón traspasado por siete espadas y con los ojos también tapados por una venda blanca, y no eran sólo este hombre y esta mujer los que así estaban, todas las imágenes de la iglesia tenían los ojos vendados, las esculturas con un paño blanco atado alrededor de la cabeza, y los cuadros con una gruesa pincelada de pintura blanca, y más allá estaba una mujer enseñando a su hija a leer, y las dos tenían los ojos tapados, y un hombre con un libro abierto donde se sentaba un niño pequeño, y los dos tenían los ojos tapados, y un viejo de larga barba, con tres llaves en la mano, y tenía los ojos tapados, y otro hombre con el cuerpo acribillado de flechas, y tenía los ojos tapados, y un hombre con heridas en las manos y en los pies y en el pecho, y tenía los ojos tapados, y otro hombre con un león, y los dos tenían los ojos tapados, y otro hombre con un cordero, y los dos tenían los ojos tapados, y otro hombre con un águila, y los dos tenían los ojos tapados, y otro hombre con una lanza dominando a un hombre caído, con cornamenta el caído y con pies de cabra, y los dos tenían los ojos tapados, y un viejo calvo sosteniendo un lirio blanco, y tenía los ojos tapados, y otro viejo apoyado en una espada desenvainada, y tenía los ojos tapados, y una mujer con una paloma, y tenían las dos los ojos tapados, y un hombre con dos cuervos, y los tres tenían los ojos tapados, sólo había una mujer que no tenía los ojos tapados porque los llevaba arrancados en una bandeja de plata.

7 de junio de 2008

La fiebre y la lanza


...o de la embriagada locuacidad de un insomnio: una noche o un día en que quien hablaba hablaba como si no hubiera futuro más allá de esa noche o día y fuera su lengua suelta a morir con ellos, ignorando que siempre hay más por venir, siempre queda, un poco más, un minuto, la lanza, un segundo, la fiebre, y otro segundo, el sueño -la lanza, la fiebre, mi dolor y la palabra, el sueño-, y también el interminable tiempo que ni siquiera vacila ni aminora el paso tras nuestro acabamiento, y sigue añadiendo y hablando, murmurando e indagando y contando aunque ya no oigamos y hayamos callado.